Nota en Revista Punto Biz

Una batalla cultural
El gerente de una compañía local de software dispara contra la reticencia empresaria para incorporar tecnología informática como medio para optimizar la producción.


Sumergirse en la corriente de la informática no es la mera instalación de una PC en el escritorio de la secretaria, corriendo un poquito el bloc Citanova y la birome. Sin embargo, perduran directivos y gerentes que continúan guiando la nave de sus empresas sin conocer aún las ventajas de, por ejemplo, los sistemas BPM (Business Process Management), o sin concebir siquiera la inversión tecnológica como una estrategia clave y de largo aliento en el desarrollo de su organización.
Esta preocupación desvive a Mario Valero, gerente de Kit Ingeniería Electrónica. No sólo porque esa sea la razón de ser de esta empresa rosarina (www.kit.com.ar) sino porque, además, representa un atraso de la cultura empresaria general del país –sobre todo, en el interior– que impide ponerse a tono con la forma de gestionar y producir en la vanguardia de la economía internacional. ¿Resistencia al cambio? ¿Lo que funciona no se toca? Atención: el mundo ya no es el mismo en cada vuelta, y para colmo, gira cada vez más rápido.
Valero, que conduce esta firma de soluciones informáticas, está convencido de que aún hay muchos hombres de negocios, directivos o dueños de empresas que no acaban de comprender para qué sirve la ciencia computacional, el procesamiento electrónico de datos.
“Cuesta que la cúpula de una compañía se involucre en la toma de decisiones a nivel de tecnología informática. Por eso, esto suele quedar relegado a un área de Sistemas en la empresa”, afirmó.
Esta “aldea global” supone un mercado cada vez más competitivo donde la inversión en sistemas digitales de información constituyen ya una necesidad indiscutible. Valero señala, no sin alarma, la vulnerable situación de las empresas locales que no adoptan una política de innovación tecnológica real y sostenida ante la amenaza presente o futura de otro competidor multinacional.
Como referente del sector EBT (empresas de base tecnológica), Valero cuestiona que, a sesenta años de la primera computadora y a casi 20 años de Internet como medio de transmisión de datos, todavía falte conciencia empresaria sobre los beneficios de esta clase de inversiones. “Siguen habiendo muchos que lo ven como un gasto innecesario”, objetó el titular de Kit.
El error reside, entonces, en no percibir la innovación informática como una ventaja competitiva.

Resultados, ya
La histórica inestabilidad económica y política del país conspiran con el arraigo de este lastre cultural que Valero señala. En un contexto inestable, los decisores privados priorizan lo más visible y de rápido retorno. Quizás, entonces, sí haya consenso en una industria para comprar una máquina pesada, pero no para informatizar o renovar los procesos internos de gestión. “La tecnología informática es un medio, no un fin en sí misma, y por lo tanto hay que capacitar a los recursos humanos para que comprendan de qué manera la tecnología puede ayudarlos a tener éxito”, dijo Valero. “Creo que eso es una falla de nuestro sector como proveedor –agregó–, por no habernos dedicado a concienciar o a comunicar sobre los beneficios, y toda la discusión se queda sólo en lo técnico”.

Inversión local
Rosario corre muy atrás de Buenos Aires en materia informática. Quizás, por el perfil de sus empresas. En la Capital hay muchas multinacionales instaladas que ya traen definido un presupuesto para tecnología dentro de sus planes de negocio. “En nuestra ciudad –comparó Valero– es difícil convencer al que tiene la plata; por eso las empresas del rubro TI (tecnología de la información) tenemos que aprender a hablar el mismo idioma que el hombre de negocios, para que entienda que esto no es tirar el dinero”.
La cuestión es que plantear este asunto implica mucho más que instalar más computadoras o servidores más rápidos. Con el advenimiento de una Internet más ágil y participativa, hoy se busca –a través de diferentes recursos– optimizar diversos aspectos de la empresa, que van desde lo económico hasta lo social.
“Cuando empezamos, había que luchar para que los empresarios compraran una PC. Hoy hay temas más sofisticados. El grado de incorporación de tecnología es mayor. Nuestra función es interpretar una necesidad y dar una respuesta informática. Traducimos en qué medida se puede atacar el problema desde el punto de vista de la informática”, traduce Valero.

Txt: Federico Ré